Alfonso Muñoz
Lima, Perú
Regreso.
En el jardín hay flores
que no conozco.
Mientras conversan
el abuelo y la abuela
se tiran pedos.
Guillermo Fontes: O cómo encontrar el amor en lo cotidiano.
Casi invisible,
un camino de baba
de caracol.
Acostados,
él mira a la derecha
y ella a la izquierda.
Colores.
Pasa la nube.
Otros colores.
Frutos Soriano: De gran calidad esta edición de La Pizarra .Y no podía comenzar mejor, con esta deliciosa colección del peruano Alfonso Muñoz. Melancolía ("Regreso"), un haiku feísta-cómico que ha suscitado una sonrisa inmediata en toda la gente a la que se lo he recitado ("Mientras conversan"), la pureza del haiku-no-michi ("Casi invisible"), un senryû lacónico y sugerente a la vez ("Acostados") y el minimalismo de un haiku redondo ("Colores").
Alicia Arias
Bizkaia, España
Sopla el viento
un perro que ladra
también lo escucha
Frutos Soriano: De nuevo disfrutamos con la hermandad hombre-animal que tantas veces aparece en el mundo del haiku. Habría que editar alguna vez una antología de haiku titulada "También", en la que se recogieran poemas que expresaran la hermandad del ser humano con la naturaleza, la compasión, la vida entendida como suma y fusión, no como resta y conflicto. En esa antología tendría cabida sin lugar a dudas este hermoso haiku de Alicia.
Campos floridos
de color malva
cuerpos los ocupan
Alonso
Heredia, Costa Rica
Abro los ojos:
canto de las ranas
en la oscuridad.
Dos horas luego
sólo su calor
sobre la alfombra.
Hasta la quietud
del roble habla de ti.
Camino solo.
Andrés Alba
Ciudad de México, México
Rosa de marzo
que pierde sus hojas,
cómo se extraña.
Los tulipanes,
en el alféizar replican
sus campanadas.
Ángel Javier
Albacete, España
en el semáforo
nadie quiere mirar
la ardilla muerta
Jayer: Certera captura de la vida animal extinguida en el trágico tráfago de la urbe.
Jordi Climent: La muerte es tabú en nuestra cultura. Hablamos poco de ella. Cuando lo hacemos decimos que forma parte de la vida, que es inevitable, que es parte del proceso natural de la creación... Todos lo sabemos, sí, pero a la hora de la verdad, todos esperamos a que el semáforo cambie rápido de color para dejar atrás a esa ardilla que es mudo testimonio de nuestro futuro.
Luis Corrales: ...ni hablar de ella, salvo el haijin, que debe hacerlo.
llena de flores
nunca olió mejor
la alcantarilla
Luelir: Parece obvio que "lo que sea" lleno de flores debe de oler bien, pero... ¿También la alcantarilla? ¿Será una alcantarilla de donde la gente "fina"? Da igual, llena de flores nunca olió mejor.
tres hojas secas
caen al agua sucia
una hace ruido
tras la verja
me pide la pelota
¡su cara! "gracias"
Francisco Jiménez Carretero: La gratitud de un niño, reflejada en su cara, llena de esperanza al poeta.
en el estanque
perdura el hielo. Nadie
detiene el paso
Frutos Soriano: Excelente conjunto el de Ángel Javier: feísmo y compasión (la alcantarilla, la ardilla muerta); un haiku que recuerda a la archifamosa rana de Bashô ("tres hojas secas..."), aunque más humilde, menos solemne que el del (a veces) solemne maestro; un haiku infantil-cómico, como una fotografía feliz, para terminar con el ritmo inacabable de los fenómenos naturales, la danza de una cosa convirtiéndose en otra (el agua en hielo) y la prisa vacua de los hombres que no se paran, que no miran, que no tocan, que no oyen ni huelen, fantasmas de sí mismos, sombras de lo que fueron.
Arthus
Navarra, España
la marquesina
espera silenciosa
algún viajero
en una balsa
se bañan los gorriones
sin ningún pudor
Bedmar
Tres Cantos (Madrid), España
sólo dos plumas
pegadas al asfalto
aún aletean
F. Basallote: Tras el atropello del frágil pájaro, instante cruel, queda el testimonio móvil de sus plumas, pegadas al asfalto. La vigencia de la vida.
Palmira: Fina sugerencia. Sólo dos plumas dan testimonio de que algo estuvo vivo y esa huella de vida perdura en el aleteo de las dos plumas. Detalle mínimo que contiene la fuerza de un suceso.
Jordi Climent: En un instante se ha cortado el vuelo del ave. El coche ha sido más rápido que el pájaro. Tan rápido, que el vuelo, independiente de la criatura que lo animaba, aún perdura en sus restos.
Frutos Soriano: Recuerda a las tres hojas secas de Ángel Javier. El viento, no nombrado, es el protagonista de este haiku del detalle, de lo inadvertido, de la muerte y de la vida que no acaba. Aún aletea la mariposa muerta del haiku de García Bidó, una hoja pesa y suena en el agua sucia, y dos plumas siguen moviéndose, esta vez por obra y gracia del viento. En estos haikus el haiyín ve vida donde debería haber muerte y solo muerte. Intuye, milagrosamente, que la vida no termina nunca.
Luis Corrales: El encanto de lo omitido, como tantas otras veces en el haiku: El impúdico viento, que se empeña en evidenciar esta antinatural muerte de un ave y, de paso, sugerirnos mil pensamientos. Fantástico.
devuelve el mar
los pecios del naufragio:
trece inmigrantes
Daniel Morita: No sólo de la flor del cerezo vive el haijin, un ser sensible no puede permanecer indiferente ante la desgracia. Chapó, sempai.
Viejo Libo: No sabía qué era "pecio" pero comprendí el sentido de este hermoso haiku. En el RAE encontré que se llaman así los restos de la nave naufragada, o de partes de su contenido; o los derechos que pagaba el buque naufragado al señor de las costas. Las tres cosas son esos trece náufragos.
Luis Corrales: Qué pocos haikus con carga social merecen comentario como tales. La mayoría de las veces, juzgar el hecho o "querer decir algo" termina por desnaturalizar irremisiblemente la escena. Aquí no: es sólo una lectura complementaria, y no intercepta la esencia de la percepción. Esos trece inmigrantes son los pecios del naufragio.
vieja estación
sobre la catenaria
un par de urracas
Julián Francisco Fuentes: Haiku clásico. Pura, desnuda, sobria descripción.
Luis Corrales: Qué expresión tan sencilla. Cuánto sabor.
no estaba sola
una abeja escondía
entre sus pétalos
no hay soledad
si canta la perdiz
entre los trigos
Inés: Un momento de meditación.
Frutos Soriano: Recuerda a la vez a Issa ("si se está solo/incluso un mosquito/es un consuelo") y a Antonio Machado. No, nunca estamos solos, y menos si brota este haiku entre los trigos.
Carenye
San Cristóbal, República Dominicana
Tarde de otoño
entre las hojas del libro
¿gotas de lluvia?
La luna llena
ilumina el camino,
y los barrotes
Luis Corrales: Sorpresivo tercer verso, que nos obliga a releer el haiku. Sugerente.
oíd en la noche
del silencio el silencio
en silencio
bruma de estío
y en las azules montañas
las blancas nubes
Cari
Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), España
Tiñe de rojo
el fregadero
el conejo cazado
Jayer: La sensación del rojo de la muerte produce un insano placer por la imagen a la que da vida.
Pared vacía
el viejo jazmín
está podado
Mala hierba
los geranios rojos
están podridos
Revolotean
entre vinagreras
las mariposas
Frutos Soriano: ¡Menuda mezcla para un haiku! Vinagreras y mariposas. ¡Qué raro! Pero has dado en el blanco, Cari. Queda clavado, perfecto. Y resuena dentro de nosotros una y otra vez. Revolotea en nuestra memoria entre olores y colores...
Mañana fría
en un campo mojado
viñas desnudas
Luis Corrales: Buen haiku descriptivo invernal.
Carlos Gaona
Lima, Perú
Cometa al viento:
fragilidad del vuelo
atado al hilo
De quincha y adobe
se arrastra la sombra húmeda:
vieja ciudad
Niño descalzo
detrás de los cristales
sólo ve zapatos
Enrique Linares: Este es uno de esos haikus que no sabes por qué te gusta, y que cada vez que lo leo me engancha más. ¿Por qué sólo un zapato...? Te felicito.
Francisco Jiménez Carretero: La luna de un escaparate, otra barrera ajena a la pobreza.
Viego: Detrás del niño, el poeta nos regala esta imagen triste, evocadora...
Clara
Oviedo, España
Revoloteo.
Dos gorriones juegan
con las ramas
Sobre la mesa
escribo y escribo:
ruido de moscas
Frutos Soriano: ¡Qué lindo haiku! La simpleza, a veces, es la perfección.
La mujer de gafas
mira y sueña...
Luz de enero
Daniel Morita
Valencia, España
Por un momento,
ver en aquellas hojas
todos los verdes.
Duerme la niña
y todavía vibra
el aire por su risa.
Pétalos en la mano,
tanta belleza
que ha de morir.
Olvidé un haiku
mientras me deleitaba
viéndote pasar.
Diego Ariel Vega
Buenos Aires, Argentina
abre sus alas
saltando al vacío
valiente pichón
de verde mantel
se viste el estanque
¡cuántos irupés!

(El irupé -victoria cruciana- es una planta acuática que se cría en las aguas profundas y tranquilas del Paraguay y la Mesopotamia Argentina)
hace ya un buen rato
el sol está brillando
gallo remolón
Inés: Un bellísimo reproche.
vieja cabaña
los tablones que crujen
afuera llueve
niño travieso
mostrando la lengua
¡zas, qué tropezón!
Eduardo M.
Cáceres, España
gotea la hoja
minúscula del pino
bruma invernal
Palmira: Este haiku está todo él construido sobre la levedad. La sensación que produce es tan sutil como la de una gota deslizándose sobre una aguja hasta caer en el velo ligero de la bruma. Esa misma levedad, tan bien descrita, sostiene el haiku.
anda el gorrión
a pequeños saltitos
desconcertado
Frutos Soriano: Lo maravilloso de este haiku es que se ve, se ve el gorrión. Unas breves palabras consiguen el milagro. Y ahí está, míralo.
vecina en bata
al salir a la calle
se santigua
sigue en el cristal
la huella de la nariz
de los dos niños
rara alegría
llegar cansado y subir
los escalones
Frutos Soriano: Los cinco haikus de Eduardo son una maravilla. Riqueza, variedad de sensaciones. Delicadeza de la bruma que hace que gotee el pino, comicidad en un senryû precioso ("vecina"), atención al momento muy japonesa, como de cámara lenta ("Aún sigue") y la pequeña obra maestra del último: "rara alegría". ¡Qué poco cuesta ser feliz a veces! Como decía Paco Rabal, en "Pajarico", de Carlos Saura: "¡Qué bien se está cuando se está bien!"
Elías Dávila
Toluca (Estado de México), México
Concluye el día
sobre la barca sola
duerme una garza.
Carpas de circo
un enano da forraje
a las jirafas.
il.balan: No pude más que reirme, y con ello recordar los origenes del haiku. Hai: humor, ku: verso = verso de humor. Cosa que muchas veces se nos olvida.
Ante el girasol
la oropéndola tiene
un compañero.
Oruga en ciernes
renacen pétalos
que han de volar.
Breves maullidos
un gatito ha nacido
entre las malvas.
Frutos Soriano: La vida, que vuelve incesantemente, y allí está el jaiyín para dejar constancia una vez más. Y vuelve "entre las malvas", claro, no en cualquier sitio. Pues el que escribe esto, en ese momento al menos, no es un filósofo, ni siquiera un poeta lírico. Es un jaiyín, que da cuenta de lo que pasa y de dónde pasa.
Enrique Linares
Rocafort (Valencia), España
En una caja
las cosas de mi padre.
Huele a tabaco.
Daniel Morita: Melancolía, recuerdo de los ausentes, el aroma del tabaco viejo como llave de la memoria. Duro y enternecedor al mismo tiempo.
Guillermo Fontes: Cuánta ternura en el silencio de este haiku.
Santiago Larreta Irisarri: Destapando recuerdos.
Duerme el bebé
después del biberón.
Olor a azahar.
Luis Corrales: Un cambio de atención (tras dar el biberón) que nos hace percibir lo que antes, aun teniéndolo delante, ignorábamos. Buena combinación de elementos.
Casa vacía,
continúa el olor
que nos dejamos.
Con esta brisa
todos duermen la siesta.
Se aburre el niño.
Debajo del puente
duermen hombres y un niño.
También la luna.
Viejo Libo: La luna, que no sabe de categorías humanas, ha querido acompañar a esos pobrecitos que duermen.
Frutos Soriano: ¡Otra obra maestra la colección de Enrique! Emoción del hijo ante los objetos que guardan el halo de su padre. Olores que envuelven la vida recién brotada, o que despiertan el recuerdo de la vida, del amor. Y el sueño de los aburridos adultos, y del niño bajo el puente dulcificado por la mirada amorosa, por "la amistad silenciosa de la luna" (que diría José Cereijo).
F. Basallote
Tomares (Sevilla), España
Ritmo de viento
en la contraventana.
Hoy no duermo.
Sabe la suela
lo duro del camino.
¡Otro guijarro!
Unas pisadas
sobre la blanda arena.
Lejos la sombra.
Elías Dávila Silva: Un haiku que se puede ver, sólo basta una pincelada para atrapar la eternidad de un instante, realmente una fotografía que permanece en la mente.
: Omitido el causante de las pisadas, todo es sugestión.
En la ribera
un anzuelo enredado.
¡Se salvó el pez!
Entre los dedos
la luna resplandece.
Juego de magia.
Fabián Vique
Buenos Aires, Argentina
Un viejo haiku
sobre el papel caído
y sopla el viento.
La mano abierta
ahora está cerrada
con una mosca.
Puntos de luz
en la pared oscura:
la primavera.
Frutos Soriano: Uno de los mejores haiku del certamen para mí. Habíamos descubierto la primavera en la brisa, en el olor de las rosas, hasta en una moscarda, pero nunca en unos puntos de luz sobre la pared oscura. "¡Vaya tontería!" dirá el apresurado. Pero...sí, ahí está...¡la primavera!
Calle desierta.
La hoja abandonada
quiere moverse.
Fernando López Rodríguez
Cartago (Valle del Cauca), Colombia
Nadie advierte este
misterio de semillas
estallando en la tarde.
No hay respuesta
a los golpes del viejo
sobre la tumba.
Luis Corrales: ...ni palabras para comentarlo.
Primero en mi cara.
Ahora en tus crespos, niña.
¡Viento estival!
Alambrada, a pesar
de tus púas el rastrojo
entró en la mansión.
Sin huellas...
Solo preguntas sugieres:
el zapato en el árbol.
Viego: Imagen surrealista. Hay árboles que dan flores, otros frutos; este árbol tiene cosecha de zapatos...
Francisco Jiménez Carretero
Albacete, España
Gotea el grifo,
ininterrumpidamente,
agua y herrumbre.
Cesó la niebla
pero el barbecho
sigue humeando.
Elías Dávila Silva: Buen haiku, muy oriental en su concepción, fino y de gran expresión poética. Tres elementos bien definidos que dan como resultado esa iluminación que distingue a los buenos haikus.
Luis Corrales: Estupendo haiku. Como si la niebla hubiese sido una interrupción en el humear, que ya no esperamos cuando desaparece, o como si la misma niebla nos hubiese parecido el propio humear para luego descubrir, sorprendidos, que no era así.
Lo invade todo
el olor a guisado
de la vecina.
Frutos Soriano: Cada vez escribe mejor los haiku Francisco Jiménez. Cada vez consigue mayor concisión, abandona más el mundo lírico para adentrarse en este desierto prístino que resulta ser vergel. Los tres primeros haikus son buenísimos.
Si te desnudas
mi cuerpo se estremece
y no es de frío.
Cauce del río
labrado de guijarros.
El agua ausente.
Rolando Paciente: En este haiku el cauce seco del río da una idea de jardín zen, la ausencia del agua permite la maravilla de esta imagen excelentemente lograda. Felicitaciones al autor del poema.
Gabi
Bogotá, Colombia
dos murciélagos
en la noche serena
miran su presa
Grego
Sevilla, España
solo en la noche,
ni siquiera la luna
para mirar
Miraalsur: Este haiku ya lo había leído y seleccionado en otro lugar, es el tipo de haiku que uno no se cansa nunca de leer, al que no le sobra nada ni nada le falta, uno de esos haikus que suenan como si fueran música.
trinos del alba,
entre viejas antenas
la media luna
Enrique Linares: Bella reunión de símbolos: el canto al alba, las viejas antenas recibiendo las silenciosas ondas, la media luna... todo el silencio roto por los pajarillos.
la luna llena
partida en dos
por un jirón de nube
Inés: Una hermosa postal instantánea.
Santiago Larreta Irisarri: Muy gráfico, muy clasico.
Luis Corrales: Haiku buñueliano, de una belleza no atada a reglas, expresada en su forma originaria, intocada, como exige la más pura esencia del haiku. La luna llena, radiante, mítica, anciana, atravesada por un afilado desecho de nube.
de vuelta a casa,
con la luna detrás
todo el camino
luna del alba,
el mirlo mira flores
de buganvilla
Frutos Soriano: Otra excelente colección, en este caso monográfica (homenaje a la luna). "Solo en la noche" recuerda a Taigi ("Ni una mala piedra/que tirarle al perro/Luna de invierno"); "trinos del alba" mezcla deliciosamente sonidos, visión, compasión, incluso tacto y wabi-sabi; "luna llena" nos suscita una imagen generacional: la luna de Un perro andaluz; "de vuelta a casa" es infantil en su magia sencilla; "luna del alba": pureza franciscana.
Guillermo Fontes
Tenerife, España
la palomita
que arde todas las noches
¿siempre es la misma?
el aire seco
y el olor a conejos:
abro la puerta
Luis Corrales: Un haijin que necesita reencontrarse con el ser animal que somos. La llamada de un olor ancestral que no podemos dejar de atender, pues estamos abocados a volver a nuestra esencia. Entonces, abrimos la puerta.
sobre el tejado
caen lagartos: lluvia
de primavera
¿por qué me siguen
estas nubes de lluvia?
fin de la tarde
sol de justicia:
un olor a tortilla
bajo la sombra
Frutos Soriano: Simplicidad llena de expresividad. ¡Qué bien suena lo cotidiano (un olor a tortilla) en el haiku!
Gustavo Scarone
Montevideo, Uruguay
sabor único,
el amarillo de las hojas
huele a otoño
Frutos Soriano: Un haiku para saborear, oler, mirar, tocar, sentir... sinestésicamente, una y otra vez.
Luis Corrales: Haciendo por obviar el innecesario primer verso, los dos siguientes conforman una sinestesia inagotable, de las que hacen historia.
caras fantasmas
en el fuego, la chispa
una guiñada
viejo timbó
tus ramas con artritis
forman la copa
il.balan
Ciudad de México, México
noche invernal -
el último autobús
partió sin mí
F. Basallote: La soledad de la noche invernal manifestada en su absoluta crudeza: la del viajero que pierde el último autobús que le reintegraría a su mundo y que le deja aislado en su oscuro instante.
después del sismo
cae una hoja
en el patio
Elías Dávila Silva: Extraordinario... Un aquí y ahora, se puede percibir cómo después del cataclismo cae la hoja...
Luis Corrales: A reseñar el hecho maravilloso de que una hoja, esa hoja que hemos visto, habiendo aguantado el terremoto, claudique, con toda su belleza, justo después.
viaje al norte -
niños rubios jugando
entre girasoles
totalmente desnudos
sobre la plaza
la luna tal como es
sismo de ayer -
el paisajista
endereza sus cuadros
Frutos Soriano: Una vez más nos vuelve a sorprender Israel. ¡Qué capacidad para la sorpresa continua tiene este jaiyín! Siempre esperamos de él lo nuevo, lo sorprendente, lo fresco...y nunca nos decepciona. En este caso lo hace, de forma especial, con un haiku "efecto mariposa" ("después del sismo") y unos niños rubios. De nuevo lo simple es potente, funciona.
Inés
Buenos Aires, Argentina
sobre la nieve
el árbol ha perdido
su rama en flor
Katzu: Como una sombra blanca, la nieve cubre los colores y aromas que alumbra el árbol perdiendo su fragancia. Lo oculto nubla y vuelve invisible aquello que calla vibrando, como algo que aún sigue vivo en la penumbra.
borracha de sol
una sombra titila
¡la mariposa!
Frutos Soriano: Muy bien captado ese movimiento como beodo de la mariposa. Metáfora con sabor a haiku.
en la montaña
se oculta silencioso
un templo, un dios
bruma plomiza
amenaza la tarde
sobre la playa
entre las ramas
de verdes olivares
brillo de luna
Frutos Soriano: Haiku clásico, casi invisible, yo diría que perfecto en su ejecución y en su efecto.
Jacqueline
Arica, Chile
Suave vaivén,
ningún pez en el río:
surgen bostezos.
Ojos abiertos
en mitad de la noche,
gota constante.
En horas quietas
siesta en el portal
¿sin prisas o sin llaves?
Bajo la lluvia
con los brazos al cielo,
cara lavada.
F. Basallote: Recoge el haiku el instante en el que en medio de la lluvia los brazos alzados manifiestan la alegría del agua, y en la pureza del instante la cara lavada por la lluvia es reflejo del rostro limpio de la naturaleza.
Jayer
Rawe Alto (Osorno), Chile
A lengua afuera
detrás del carretón
siguiendo a su amo.
Lejos del mar
el viento entre los pinos
cuánto lo evoca.
Jesús Martín
Algeciras (Cádiz), España
Frío diciembre
en la pila desierta
sin voz ni ropa
Hoja caída
carretera asfaltada
hacia el trabajo
Desde el columpio
por las rejas del parque
cruzan las sombras
El paso rápido
la nieve sobre las botas
calando, calando
Miraalsur: Indudable sabor de haiku y de esos haikus que nos piden relecturas. La repetición de la palabra "calando" ahonda el haiku en nosotros, parece querer atornillarlo a nuestra alma.
Luis Corrales: Recuerda en cierto modo a aquellas esparteñas de nuestro querido Raijo. Buen haiku. La repetición del gerundio es muy afortunada.
Desde la arena
si logro alzar el brazo
la estrella es mía
Viejo Libo: Haiku lleno de la alegría y la luz de esas estrellas. Si alguien lo califica de fantasioso es que no ha estado en Algeciras de noche.
Katzu: La brisa es la esencia del tiempo poético. Aparece como un halo magnificando todo lo que roza, encendiéndonos e iluminando un ciprés.
Jiro
Madrid, España
manjar de infancia
era el pan y quesillo
de las acacias
tiro una piedra
que brinca pizpireta
sobre el estanque
Jordi Climent
Barcelona, España
parking completo -
ni dónde caer tienen
las hojas secas
luces urbanas -
se mezclan los colores
en la tormenta
Frutos Soriano: Haiku limpio, escueto, respirable, que se abre en nuestra mente como una flor de sensaciones.
sobre el arcén
su último parpadeo -
luz navideña
flores translúcidas -
atraviesa su blancura
el sol de invierno
espuma y luz -
se desliza el invierno
entre las olas
Jorge Moreno Bulbarela
Xalapa (Veracruz), México
día de reyes -
crujido de papeles
junto al zapato
Palmira: Con pocos elementos describe una atmósfera festiva, sin explicar más. Sugiere toda una historia a través del crujido del papel desechado. Admirable.
Guillermo Fontes: Sugerente y nostálgico.
espejo lateral -
esa patrulla
tan silenciosa
luz de cocuyo -
por un momento el trébol
vuelve a ser verde

(cocuyo: luciérnaga)
Frutos Soriano: ¡Qué rápido ha estado en este haiku el amigo Jorge, finísimo reportero de instantes, para captar con su cámara invisible el momento del pequeño milagro!
olor a humo -
y la luna menguante
ya casi sombra
Luis Corrales: ¡Qué belleza tan efímera la de este haiku! Y qué sabor tan especial nos dejan los buenos haikus en los que el olfato juega un papel esencial.
pálido el niño -
zumba otra vez
la fresa del dentista
José Lara
Jaén, España
Tres palos de cerca
verticales.
Ocaso:
enmedio del barro
una piedra hincada.
Septiembre:
las sombras de las siete
saxífragas.
La calle abandonada,
la luna
y el mendigo.
Cuervo y sombra
separados.
Jordi Climent: El haiku en su mínima expresión. Comentarlo sería estropearlo, así que guardo para mí el impacto que me ha causado.
Frutos Soriano: José Lara experimenta con un tipo de haiku minimalista, que exige mucho al autor. De todos destaco el de la calle abandonada. Creo que en éste sí consigue, con mínimos elementos, un haiku que se despliega en nuestro ser.
José Luis Vicent
Valencia, España
Reanuda el canto
tras un largo silencio:
la cigarra
Enrique Linares: Es el silencio el protagonista de este bello haiku, ese instante que deja la cigarra. Con ese silencio José Luis me describe el canto.
Fernando López Rodríguez: Mi universo está poblado de chicharras, doy fe de esa pausa cósmica. ¿Por qué no escribí ese haiku? Felicitaciones.
Pasa un vilano...
se disgrega una nube
por el poniente
Jorge Moreno Bulbarela: Hay un telón de fondo que no se nombra, pero se percibe. Y hay, también, dos imágenes que pueden formar una metáfora si así lo interpreta el lector.
Luna de tarde,
gaviotas y viento
rozan el mar
A estirón limpio
con un hilo enredado:
el joven mirlo
Maramín: Raro momento, casi me atrevería a decir que lo observó en el Jardín botánico de Valencia, donde los mirlos se muestran con facilidad.
Frutos Soriano: Estupenda colección. Todos los haiku me conmueven, plenos de matices, elegancia y sugerencia. Destaco al del mirlo, el más simple de todos.
Declina el sol:
y al cavar en la tierra
esa chispa
Luis Corrales: Una luz muy especial la de este haiku, con el sol poniente y la tierra oscura, y un pequeño misterio: el de esa chispa.
José Martel
Las Palmas de Gran Canaria, España
Dichoso gato,
saltaba a su regazo
para dormirse.
Francisco Jiménez Carretero: Quizás la añoranza del regazo materno le hizo concebir este extarordinario haiku a su autor.
En la ventana,
sin propósito alguno,
miro a lo lejos.
Frutos Soriano: Recuerda al de Santoka ("Sin pensar en nada/rompiendo ramitas secas"). ¡Qué difícil conseguir un haiku así!
Una tronada,
desgarrando las nubes,
trajo la lluvia.
Amamantaba,
tumbada en el alcorque,
a sus cachorros.
Josefo
Gómez Palacio (Durango), México
Lloran los goznes
de puertas que se azotan
y el viento se va.
Fugaz instante;
un beso de agua al fuego
mató a la flama.
Dejan las aves
ramas entre las ramas
para sus nidos.
Rolando Paciente: Haiku en el cual tanto las ramas verdes del árbol como las ramas secas del nido se conjugan para permitir el milagro de la vida nueva. Felicito al autor por su creatividad.
Juan Carlos Calahorra
La Habana, Cuba
Se abre la puerta.
Sorprende el viento a la flor
lejos del jardín.
Convalecencia.
Esa mancha en la pared
nunca vista.
Ángel Javier: Cuando paramos: ahí está.
Jorge Moreno Bulbarela: Cuando hay tiempo para ver las cosas detenidamente se hacen descubrimientos.
Santiago Larreta Irisarri: El aburrimiento de largas horas quieto, esperando...
Luis Corrales: La monotonía y el aburrimiento, necesarios a veces para captar lo más evidente.
Un gran vitral.
Dos hombres que se miran
multicolores.
Luz de luna
sobre un farol
apagado.
Frutos Soriano: Mi preferido de esta colección. Entre Ándersen y Ramón Gómez de la Serna. Entre la ternura y la greguería.
Viaje nocturno.
En el cristal su rostro
contra el paisaje.
Juan Francisco Pizaña Morones
Aguascalientes, México
Rojo horizonte,
la parvada vuela hacia
otro crepúsculo.
Rolando Paciente: Horizonte y parvada, dos órbitas en donde el color y la fuga dan un movimiento cromático semejante a un cuadro impresionista. Felicitaciones al haijin por la imagen lograda.
La hoja seca
recorre los intersticios
que fija el viento.
La montaña está
donde debe estar, en
mitad del paisaje.
La ola viene hacia
mi, suave moja mis pies,
luego se retira.
Frutos Soriano: Has captado muy bien este haiku, Juan Francisco. Yo quitaría el adjetivo "suave" (al hacerlo el haiku no pierde en suavidad, más bien al contrario) y dejaría el tercer verso así: "y se retira". Creo que ganaría formalmente.
Julián Francisco Fuentes
Sevilla, España
Sobre la mesa
un pañuelo de seda.
Silencio y frío.
Guillermo Fontes: Cuánta delicadeza en una bella imagen que trasciende el haiku.
Estanque helado;
susurra la arboleda.
Jardín de invierno.
Tiembla la mano
sobre el agua bendita.
Remordimientos.
Inés: Una escena que llama a silencio y recogimiento.
En la capilla
un suave murmullo;
Elisa reza.
Frutos Soriano: Muy conseguidos los dos haiku religiosos. Uno contundente y seco ("Tiembla la mano"). Otro envolvente, relajante: ("En la capilla"). Enhorabuena.
Cielo plomizo,
charcos sobre el asfalto:
obras del metro.
Katzu
Lima, Perú
Ropa tendida
el sol alumbrando
luz y sombra
El invidente
escucha el sonido del mar
y de la luna
Néctar de flores
la bruma desconcierta
al colibrí
Frutos Soriano: Buenísimo. Olores, confusión del animalillo, algo de humor (¿negro?), atentísimo al instante, muy bien la medida. Mis felicitaciones.
Golpe a golpe
duerme en silencio
el picapedrero
Charco empozado
te llenas de aromas
y de colores
Konstantin Dimitrov
Sofia, Bulgaria
esta naranja:
el aguacero de verano
que maldije
il.balan: De pronto, todos los tiempos se condensan en un solo punto: la mano, y todo cobra nuevamente sentido. Salvo que las cosas ya no son como solían ser.
Ángel Javier: Responde al fondo y a la forma del haiku, y nos recuerda que todo es perfecto.
Miraalsur: El autor de este haiku se arriesga y logra algo que impacta. Nos habla del paso del tiempo, pero sobre todo de ese desconocimiento que tenemos frente a los acontecimientos del presente, engendradores de futuro, que a veces evaluamos erróneamente.
Santiago Larreta Irisarri: A la larga, bendita lluvia.
Viego: El haijin, atento a los rumores del cosmos, tiene la virtud de encontrar relación entre dos eventos aparentemente aislados.
Luis Corrales: Distinto, enigmático y finalmente sobrecogedor. Un canto al fluir propio de las cosas y a su sentido íntimo, que terminamos por hacer nuestro.
entre risas
murió por existir
la cucaracha
solo en lo alto
hojas verdes
huerto sin dueño
en la orilla
esperando la barcaza
campos en flor
al cerrar
sus párpados
¡la frente!
Leonardo
Pozuelo de Alarcón (Madrid), España
Chopera y niebla,
dos gotas de un chopo
contra la calva.
La doble curva.
Una cruz y unas flores
entre la nieve.
El perro imita
juegos de chiquillos,
alborozado.
Aroma estival,
y en la mata de salvia
la gran culebra.
Viento ladrón,
chopos semidesnudos,
lluvia amarilla.

(Homenaje a Julio Llamazares con expresiones literales suyas)
Lorenzo
Albacete, España
Recoge lento
los remos de la barca.
Deja llevarte
Se ve tranquilo,
pero el lagarto, inmóvil,
vence su miedo
La soledad
del camino de vuelta
es más fecunda
Frutos Soriano: Parece que el haiku va un poco más allá en la colección de Lorenzo. Dice lo que dice, pero ¿quiere decir algo más? Una sensación de gravedad, de hondura nos dejan estas poemas, breves y densos. Mi predilección por el tercero ("La soledad"), del que ni siquiera sé si es un haiku, ni en realidad me importa.
Luelir
Navarra, España
Caballo blanco,
en praderas de hielo
veloz y solo.
Tejado roto,
aroma de pinares
tras la tormenta.
Luces de neón,
un hotel, una barca,
brisa del mar.
Luz de relámpago,
fue suficiente
para encontrar tus labios.
Luna creciente y
la noche helada,
alegría en las jaimas.

(Las jaimas son viviendas originales de los nómadas, en el desierto del Sáhara)